Como sabréis los que leéis el blog con asiduidad, tengo un iPhone (sí, soy esclavo de Movistar al menos 2 años) desde hace unos 6 meses. La experiencia como usuario no puede ser mejor, más que por todas las consabidas ventajas del terminal, por que se trata de un dispositivo en constante evolución, gracias a las muchísimas aplicaciones que cada día se publican en el AppStore de Apple.
Gracias a estas aplicaciones, el iPhone ya no es solo un movil-con-iPod-iTunes-y-3G, si no que se convierte en una herramienta de productividad/ocio espectacular. Dado que cuenta con un procesador interno más potente que, por ejemplo, el de una PSP, el que quiera el móvil para jugar, se conecta a la AppStore y se descarga los juegos que quiera, a unos precios que van desde 0 € hasta (el más caro que he visto yo, uno de Ferrari, una excepción) 7,99 €.
El que quiera el iPhone como una herramienta de productividad u ocio no de juegos (como es mi caso), también está de enhorabuena, porque te puedes encontrar aplicaciones de todo tipo, yo por ejemplo he descargado:
Hay miles de aplicaciones más que probar y descargar, y cada día son muchas las novedades. Como veis el iPhone es un terminal muy versátil (hasta hay aplicaciones que “convierten” el iPhone en un nivel, o en un pulsómetro) dado que se puede emplear para casi cualquier fin.
Quizás nos encontremos a medio plazo con que las empresas retomen la implementación de sistemas de gestión comercial o ruteros programados específicamente para móviles de nueva generación, toda vez que la “moda” de aplicaciones comerciales para PDAs está más que superada.
En cualquier caso, desde que tengo el iPhone me he dado cuenta de que cada vez dejo más veces el portátil en la oficina. Antes de tenerlo, era habitual que al menos 1 vez cada dos días me llevase el portátil a casa, y en muchas ocasiones era porque no me había dado tiempo a responder o leer algunos emails, o porque quería leer un par de documentos que tenía pendientes, o porque simplemente por si acaso, no fuera a ser que al llegar a casa tuviese que hacer algo relacionado con el trabajo.
Todas esas tareas las desempeño ahora con el iPhone, y me pregunto si no estaremos antes un punto de inflexión en las respectivas curvas de demanda de Móviles de nueva generación y portátiles, hasta tal punto que el portátil acabe siendo “fijo” y el móvil acabe siendo “PC portátil“.
Al menos en mi caso voy por ese camino. (O lo intento, dado que en cuanto a autonomía de batería queda mucho por mejorar…)
He creado una página para organizar las series de posts que vaya escribiendo. La tenéis en el menú superior, y se llama Series de Posts. Espero os resulte útil.
Se ha anunciado en el Blog de Webmasters en Inglés de Google una nueva funcionalidad bastante interesante en relación con la gestión de contenido duplicado. Los que tenemos proyectos de webs con muchas páginas solemos encontrarnos con que tenemos páginas cuyo contenido es el mismo, pero cuya URL difiere (parámetros de sesión, ordenacion, links erróneos, reescrituras de URL defectuosas, etc).
Pues para ayudarnos a indicarle a Google qué versión de una página es la correcta, los chicos del buscador se han sacado de la manga un etiqueta HTML: “canonical“, que se emplea, por ejemplo, de la siguiente manera:
<link rel=”canonical” href=”http://www.ejemplo.com/index.php”>
Añadiendo esta etiqueta a la cabecera (<head>) de una página con contenido igual o muy similar al de la página “canónica”, le estamos indicando a Google, en casos de contenido duplicado, cuál es la página que prevalece.
Esto resuelve un aspecto que preocupa a muchos SEO de todo el mundo, dado que el contenido duplicado (a pesar de lo que diga Google) constituye un verdadero quebradero de cabeza al ser penalizado en sus rankings por parte del buscador.
Notas con respecto a la etiqueta canonical:
Yo ya lo he implementado en algún proyecto, os iré contando si verdaderamente supone un cambio en cuanto a la gestión del contenido duplicado o no.
Con la crisis económica, estoy teniendo la oportuna ocasión de rememorar las clases de Macroeconomía del Profesor G.K. Shaw en la Universidad, y no solo por la calidad de las mismas, sino porque 15 años después cobra especial vigencia su empeño por la política económica de John Maynard Keynes.
Keynes promulgaba que la base de todo crecimiento de la riqueza nacional era la estimulación del consumo, lo cual solo podía ser alentado por el aumento (aunque fuese artificialmente: “contrata a un obrero para abrir una zanja y a otro para cerrarla…”) de la demanda privada, y por estímulos fiscales, dos aspectos que suponen un fuerte intervencionismo del Estado en la vida de las personas.
Estas ideas fueron apartadas durante muchos años tras el auge del Monetarismo de Milton Fiedman, que promulgaba que, independientemente de las aserciones de J.M Keynes acerca de la economía “demand-driven”, el verdadero crecimiento de la riqueza nacional podía ser estimado y articulado mediante la oferta monetaria.
Finalmente, hasta hace bien poco, todos nos congratulábamos de la perfección de la máquina capitalista, que, ella solita era capaz de regularse, en un mundo en donde la oferta y la demanda debían fluir libremente a su antojo porque, oh, misterios del destino, ellas mismas pondrían a cada uno en su sitio. Y ojito con los Gobiernos, que no están aquí para intervenir en el libre flujo de las curvas de oferta y demanda, sino para hacer hospitales y garantizar nuestras pensiones.
En este escenario, compruebo que diarios escritos y digitales se hacen eco de las opiniones de afamados economistas acerca de la idoniedad de la política macroeconómica Keynesiana a los tiempos que vivimos, y no solo eso, sino que muchas de las decisiones de intervención aprobadas por los diversos gobiernos (el “Obamazo“, los 8.000 millones de Zapatero) no son sino aplicaciones prácticas de la política promulgada por este británico en el período de entreguerras: estímulo fiscal, incentivación de la demanda privada, intervención pública en entidades financieras, etc, con el único fin de volver a hacer crecer la riqueza nacional, y re-engrasar los motores de las economías mundiales, chamuscados de capitalismo liberal y excesos vergonzosos.
A los economistas, casi lo primero que nos enseñan es que la economía es un ciclo. Si John Maynard Keynes levantara cabeza, no podría sino corroborar esa afirmación con una sonrisa en la cara.
Leyendo un post de Enrique Dans en el que hace referencia a Ping.fm no puedo evitar establecer un paralelismo inconscientemente entre el actual boom de las redes sociales y lo que en su día fue el boom de la organización de la información.
Actualmente las redes sociales cuentan con cada vez más usuarios y los que las usamos solemos estar en más de una (Facebook, LinkedIn, Xing, Twitter, etc), y todas ellas nos permiten introducir nuestro estado, fotos, intereses, o aspiraciones personales o profesionales.
Esto genera sin duda un exceso de sitios donde albergar la misma información, o al menos subcontunjos de nuestra información vital, dado que todos tenemos una vida interesantísima, pero, oiga, llega un momento que ya no tenemos más que contar, o lo que tenemos que contar no nos apetece contarlo en 7 webs diferentes.
Esta situación se da en todo nuevo mercado/producto, y suele ser sucedida por dos acontecimientos, antes o después, en el ciclo de vida del mismo:
No puedo evitar establecer en ese sentido cierto paralelismo entre este auge por las redes sociales y el “caso” Google a principios de la decada de 2000 (y hay cientos de ejemplos más en todos los sectores económicos, pero me ciño a este por compartir medio “cibernético”): Me explico: inicialmente la organización y localización de la información en la web se realizaba a través de directorios, como era el caso de Yahoo!, y buscadores “temáticos”, bien por su localización geográfica (Ozu, Terra, etc) o por su enfoque.
La evidente ineficiencia y duplicidad de esta forma de organizar y consultar los contenidos de la red fue suficiente para forzar las dos fases comentadas anteriormente:
Entre los dos pasos, incluso hubo un hito intermedio, protagonizado por los “metabuscadores“, que eran webs (o incluso software instalable en el PC, como era el caso de Navegalis-perdón si no es exactamente el nombre, pero no lo recuerdo del todo y no he conseguido encontrar información al respecto, ni en Archive.org) cuya función era “buscar en los buscadores”. Interesante, pero entonces, apareció Google, y se creó un nuevo mercado. Todavía recuerdo que la primera vez que me hablaron de Google me comentaron que era un nuevo “metabuscador”, pero que era mejor de lo que nunca habíamos visto, y además daba los resultados en menos de 1 segundo!
La creación de software como Ping.fm es equiparable (con la lógica diferencia de 10 años de evolución tecnológica) con la aparición de los metabuscadores, lo que nos sitúa en un paso intermedio entre la exterminación de redes sociales no eficientes y la concentración de las restantes.
De hecho ya ha habido movimientos de concentración (Xing->Neurona, etc) y estimo que no tardaremos en tener noticias en relación a Facebook o LinkedIn adquiriendo nuevas redes sociales más pequeñas o fuertemente localizadas por país (o incluso servicios complementarios o accesorios como Twitter) para intentar ganar tamaño y base de datos de usuarios para seguir estando ahí dentro de 10 años más.
Porque la verdadera pregunta es ¿cuántas redes sociales tienen cabida en el mercado? Mi opinión es que acabará quedando una generalista (ocio) y otra profesional (networking), que son el reflejo de las 2 principales motivaciones que pueden llevar a un usuario a darse de alta y realmente obtener réditos de su participación (2.0 no es una moda, amigos, es una herramienta) en ellas. Pero como todas las opiniones son más que válidas, ¿qué opináis vosotros?