Antes de que empieces a leer, ten en cuenta que este post no tiene que ver con la línea habitual de este blog. No habla de tecnología, ni de innovación, ni de Social Media. Sin embargo, creo que mi blog personal la mejor tribuna para albergarlo porque no es más que eso, una reflexión muy personal.
Una de las cosas que tiene ser padre, además de todo lo obviamente maravilloso, es que de repente las frases que tu madre te repetía como un mantra cuando eras crío, cobran sentido. Yo mismo he recogido ese testigo inconscientemente, y me encuentro diciéndole a mis hijas “apaga las luces“, “tú te crees que el dinero crece en los árboles“, “cómo te lo tengo que decir“, o “no se tira la comida“.
Esta última es más que seguramente común a todos los que, como yo, tengáis padres nacidos en la postguerra, que se criarion valorando mucho lo que significaba poder llevarse todos los días algo a la boca, lo cual, en Galicia, afortunadamente y gracias a las leiras, no fue un problema tan grave como en otras zonas de España.
La situación actual no es comparable a una postguerra, pero sí es crítica para muchas familias, que se han encontrado sin recursos económicos en poco tiempo, por los motivos que sean.
Llevo tiempo pensando en cómo puedo ayudar a la gente que tengo cerca a que no pase hambre. Lamentablemente cada vez más gente parte de nosotros la pasa, y si no cambian las cosas pronto, puede que sea un problema importante en nuestra sociedad. He aportado dinero a ONGs locales, e intento ayudar en lo que sea, pero siempre me queda la sensación de que puedo hacer más.
El otro día, a la entrada del supermercado, un hombre de mediana edad franqueaba la entrada, pidiendo limosna. Me paró y me dijo que no quería dinero, que por favor le comprase un pollo. A la salida del súper le dí el pollo, y me di cuenta de que aquella era la gota que colmaba el vaso: tenía que intentar hacer algo más para ayudar a la gente que tengo cerca.
Mi sueño es poder ayudar a la gente que tengo cerca a que no pase hambre, reciclando los alimentos que cada día desperdiciamos en nuestras casas.
Ayudar a la señora que te cruzas por la calle que no ha cenado ayer y hoy no sabe si comerá. Al niño que no entiende que está pasando, pero entiende que a veces no tiene nada que llevarse a la boca, al anciano, al padre…a que no pasen hambre. Porque no puedo darles un empleo, no puedo darles dinero, no puedo darles expectativas ni esperanzas, pero si puedo ayudar a que parte de la comida que sobra en todas las casas todos los días, llegue a quien realmente la necesita, podremos entre todos ayudar a mucha gente todos los días.
Piensa en lo que diariamente tiras a la basura en tu casa. ¿Cuánto de ello es comida que se puede aprovechar? Me saca de mis casillas tirar comida. Me da un pinchazo el alma cada vez que un plato medio lleno acaba en el contenedor. La gente que pasa hambre en tu ciudad no tiene qué llevarse a la boca, mientras tú tiras la primera y la última rebanada del pan de molde, o una galleta que resulta que a tu hijo ya no le gusta.
Piensa la de cosas que diariamente serían válidas para consumir esa misma noche si las fueses guardando en vez de tirarlas. Piensa en los guisantes que apartan tus hijos. En el pan que sobró de la comida. Seguro que se te ocurren más ejemplos.
Ahora multiplica eso por todas las casas de tu edificio. De tu manzana. De tu barrio. De tu ciudad. De España. Del Mundo.
Ahora piensa que esa comida se la pudieras dar a alguien que esa noche pasará hambre. ¿Se la darías?
Como ya te habrás dado cuenta, mi sueño tiene alguna que otra complicación para ser llevado a cabo. Implicaciones sanitarias, logísticas, de comunicación, de coordinación, legislativas.
Por eso os pido ayuda. Por intentarlo que no quede.
Mi objetivo no es lucrativo, no hago esto por interés, solo lo hago porque quiero ayudar a la gente que tengo cerca.
La idea es juntar a un grupo de profesionales que esté interesado en desarrollar esta idea aportando su conocimiento y experiencia en su área, analizar las implicaciones de llevarla a la práctica, y si es factible, simplemente, hacerlo.
Ayudar a los demás. Las nuevas tecnologías nos darán el soporte para poder coordinar el trabajo tanto si estás el Lugo como si estás en Sevilla, o en Kuala Lumpur.
Creo que necesitaríamos profesionales o empresas en los siguientes ámbitos para analizar las implicaciones:
* Si crees que tienes un perfil que se me ha olvidado y puede contribuir a desarrollar el proyecto, adelante. Esto es un primer esbozo.
Espero poder convertir mi sueño en realidad, y crear un grupo de trabajo que pueda llevar esto adelante. ¿Me ayudas?
Si estás interesado en aportar tu granito de arena, por favor envíame un mail a tengounsueno.meayudas@gmail.com
Minifundio:
m. Terreno de cultivo de reducida extensión y poca rentabilidad, que permite exclusivamente una economía de subsistencia.
Galicia es tierra de minifundio. Muchos pequeños trozos de tierra, confilctos de lindes, y cada uno agarrado a sus pocos rendimientos porque, literalmente, les va la vida en ello.
Es algo que se ve en la agricultura, en la ganadería, pero también se puede apreciar en otros campos de actividad, metafóricamente hablando.
El otro día hablando con colaborador acerca de los múltiples “saraos” que se agolpan cada otoño en nuestras agendas, en un tono medio en broma solté este concepto de “Minifundismo Tecnológico“. Y es que en realidad, por muy avanzados tecnológicamente que seamos, por mucho que Galicia sea dinámica como pocas comunidades en cuanto a Start-ups de base tecnológica, y por mucho esfuerzo que pongamos todos en sacarlas adelante, acaba saliendo el carácter minifundista gallego.
Sin hacer demasiada investigación de fondo (lo reconozco, mea culpa…), cualquiera de los que estamos en este mundillo podemos nombrar al menos 5 agrupaciones de empresas tecnológicas, 3 asociaciones gallegas de empresas TIC, 6 agrupaciones locales de Twitteros, e incontables iniciativas de orientación hiper-localista de contenido tecnológico.
Minifundios tecnológicos…
No nos miremos mucho al ombligo, porque es algo que pasa en otros sectores más longevos, como la construcción, el metal, el turismo, el naval…Hay casi más asociaciones, federaciones, agrupaciones, clusters y agrupaciones, que empresas.
¿Porqué conformarse? ¿Porqué no vamos a ser diferentes los que nos dedicamos a las nuevas tecnologías?
Así que ¿por qué no cambiamos el minifundio por una gran explotación única? ¿Acaso no podríamos de ese modo…
¿Estoy diciendo alguna locura?
En la pasada edición de The Monday Reading Club Vigo (que ha sido ya la 10ª), hablamos de un libro llamado “El Mundo Groundswell“. He tenido la ocasión de poder presentarlo, y he de decir que me ha parecido un libro interesantísimo, y muy recomendable para todos aquellos que estén intentando rentabilizar sus acciones en redes sociales.
El libro es algo antiguo para la velocidad en la que evolucionan las cosas en internet. A pesar de ser un libro de 2007, aparentemente reciente, en 3 años las cosas han cambiado bastante, y es destacable que, por ejemplo, en pocos ejemplos se hable de Facebook o Twitter como grandes plataformas de conversación.
Por lo demás, los autores son Josh Bernoff y Charlene Li, dos ejecutivos de Forrester Research, que en su día participaron en la redacción del estudio “Social Computing“, del cual surgió el término “Groundswell“.
El término Groundswell, que en inglés significa marejada, o mar de fondo, sirve para ilustrar las nuevas formas de comunicación entre personas facilitadas por internet. Se refieren como Mundo Groundswell a aquel en el cual las personas se comunican e intercambian información, sin tener que recurrir para ello a entidades “tradicionales” como las empresas.
En este escenario, en el que el equilibrio de poderes tradicional bascula hacia el lado del usuario, el libro propone un enfoque sistemático para aquellas organizaciones que quieran “entrar en el Groundswell” para comunicarse con sus clientes actuales o potenciales.
Un concepto importante del libro, que se repite en multitud de referencias, y que además comparto al 100% es que lo importante a la hora de entrar en el Groundswell, no son las tecnologías, sino las personas.
Las tecnologías evolucionan, se ponen de moda, vienen y van, pero las personas encuentran formas de comunicarse con o sin ellas, por eso debemos centrarnos en conocer los hábitos conductuales de las personas en la red, en vez de centrarnos en abrir corriendo 10 perfiles en otras tantas redes sociales, antes siquiera de saber qué haremos con ellos.
Lo primero que hacen para establecer una estrategia de entrada en el Groundswell es organizar a la gente que allí habita. Para ello, determinan 6 posibles perfiles de personas según el uso que hacen de las actividades groundswell. Así, para cada segmento poblacional que queramos analizar, deberíamos saber la cantidad que tenemos de cada uno de los siguientes:
Podéis obtener perfiles sociotecnográficos por edades y países en esta herramienta gratuita disponible en la web de Forrester.
A partir de ahí, los autores nos hablan de 5 objetivos “maestros” que podemos tener para entrar en el Groundswell, diciéndonos, incluso que cualquier objetivo imaginable puede ser subordinado a alguno de los siguientes:
La estrategia que elijamos debe depender de lo que queramos conseguir de nuestros clientes. Los autores hacen una analogía entre los objetivos anteriores y funciones de la empresa tradicional, haciéndonos ver que en muchas ocasiones, para entrar en el Groundswell, lo único que tenemos que hacer es continuar con funciones que ya estábamos llevando a cabo, pero dentro del Groundswell. Así:
Y del mismo modo que asocia las estrategias a las funciones tradicionales de la empresa, las asocia también al perfil sociotecnográfico de tu target. En función del comportamiento mayoritario de tu target, te convendrá llevar a cabo una estrategia de entrada en el Groundswell u otra.
Es particularmente interesante el capítulo de “Hablar”, en que destaca la recomendación de formas de hablar con el Groundswell en función del “problema” de comunicación que tenga tu organización. Así
A partir de ese momento, el libro ilustra de una manera muy concisa todas y cada una de las estrategias, mediante ejemplos más o menos afortunados, pero siempre fundamentados.
El Mundo Groundswell es un libro que me ha gustado. No dice esencialmente nada demasiado nuevo, ni es un libro agitador de conciencias o “rule-changer” como puede ser cualquier de Seth Godin, pero cumple su papel: sistematiza los motivos, pasos y estrategias de entrada en las redes sociales. Por eso es un libro que recomiendo a cualquiera que esté interesado en sacarle partido a internet para conocer más a sus clientes, o intentar conseguir algunos nuevos.
No comparto en absoluto la afirmación alarmista de los autores, que en algún pasaje nos vienen a decir que no estar en el Groundswell equivale a una especie de suicido absurdo.
Sigo pensando que las redes sociales no son para todos, y que las cosas que a veces suceden en internet y que son mencionadas hasta la saciedad en congresos, conferencias, jornadas y demás reuniones, son magnificadas en un intento de “asustar” a aquellos que todavía no tienen presencia activa en internet o siquiera estrategia para tenerla. (Intereses pecuniarios de por medio…)
Creo que es mejor no estar, que estar como están algunos.
El pasado lunes 11 de enero se celebró la segunda edición de The Monday Reading Club Vigo, en la Casa del Libro. En esta ocasión, hablamos acerca del libro “Presentación Zen” de Garr Reynolds, una auténtica autoridad mundial en el diseño de presentaciones efectivas.
En el libro, Reynolds nos da las pautas para crear presentaciones que consigan transmitir y conectar con la audiencia de las mismas, empleando para ello paralelismos con la filosofía Zen, extraídas de su experiencia vital en Japón desde hace más de 10 años.
Un vídeo recomendable, del que se extraen varias conclusiones útiles para los que tengáis que hacer presentaciones habitualmente.
Monday Reading Club – Presentación Zen from José Alcañiz on Vimeo.
Video de la Segunda Edición del The Monday Reading Club de Vigo, celebrada en La Casa del Libro el 11 de Enero de 2010
No sé si es algo referente a España en general o a Internet en particular. Pero nos encanta sacar las cosas de contexto.
No voy a ser yo quien defienda el periódico en papel, pero creo que parte de la crisis que está viviendo el sector editorial no se le puede achacar a Internet, sino a la crisis global, que genera:
Evidentemente Internet presenta innumerables ventajas para la difusión de noticias más imparciales y participativas, pero no nos engañemos, con casi la mitad de la población española sin acceso a Internet en sus hogares, (y ya no digamos Internet móvil, donde realmente la ubiquidad de las noticias alcanza su cénit) aún tendremos que esperar unos añitos a que desaparezcan los periódicos.
Eso no quita que los periódicos tengan que actualizarse, mirarse un poco al ombligo, reducir estructura (¿se avecinan fusiones?) y comenzar a dar más importancia en sus planes estratégicos a los medios digitales que al nuevo modelo de rotativa o a la subida de los costes de papel noruego.